Anhelos de Colombia para el 2010

Considero que estamos ciertos los colombianos de que cada uno de nosotros tiene unos anhelos, que de realizaese, nos traerán si no felicidad, al menos sociego en nuestras tribulaciones, siempre y cuando cada compatriota antes de creer en los hombres crea primero en la ética y moral de Dios.
En primer término: Que quienes asuman responsabilidades políticas o administrativas no hagan más juramentos poniendo a Dios por testigo falso, puesto que hay mucho sobrecupo en la Picota.
Que la política de Seguridad Democrática deje de ser ya un sofisma de distracción y se convierta en seguridad social ante los problemas que reclaman los colombianos, con más ahínco, desde hace ocho años.
Que los partidos políticos sean serios o que aparezca por fin un verdadero partido político, no politiquero, con principios firmes, claros, éticos y morales lejos de todo voltiarepismo al que nos tienen acostumbrados.
Que la peste del reeleccionismo presidencial sea exterminada para así acabar con el mito de los genios necesarios e insustituibles. Que la constitución nacional deje de ser un burdo panfleto de caucho que se comprime o encoje al capricho de los politiqueros de turno.
Que el pueblo siempre tan explotado adquiera ya un poco de cultura política, para no vender su conciencia mediante un voto ante algunos profesionales de la demagogia, la falacia y el engaño.
Que los mal llamados padres de la patria no abusen más de su auto-poder para incrementar desvergonzadamente sus mesadas, mientras que el miserable salario básico de los pobres lo asignan siempre mediante un fresco y descarado decreto.
Que esa enfermedad llamada corrupción, que tanto nos está minando solo se pueda combatirse con la pena perpetua, el destierro o penas igual de temibles.
Y, finalmente, que no nos nombren mas Uribitos con caritas de “yo no fui” , pero que sólo han servido para ayudar e enriquecer a los “campesinitos” opulentos del país.

CONJETURAS ¿VIVIMOS EN UNA PLUTOCRACIA?

El célebre mandatario norteamericano Abraham Lincoln sostenía que la democracia era el gobierno del pueblo y para el pueblo, con lo cual el histórico presidente hacía una específica distinción semántica con la plutocracia, que es el gobierno de los ricos para los ricos.
Aplicando lo anterior a Colombia encontramos que el gobierno del presidente Uribe a pesar de recibir el apoyo mayoritario de la gente más pobre del país, trabaja casi que con exclusividad para defender el interés de los más ricos; por ejemplo, este gobierno otorga considerables exenciones tributarias a empresarios, banqueros, exportadores, dueños de zonas francas, etc., en contraste por ejemplo, con su política de austeridad con la salud del pueblo, todo lo cual nos ubica indiscutiblemente en una auténtica plutocracia. Otro ejemplo abrumador se da con las nefastas políticas agropecuarias, que nos llevaron a conocer la inmoralidad de experiencias censurables e inicuas como esas del Agro Ingreso Seguro y la Hacienda Carimagua.
Pero la gota que rebosa la copa se presenta cuando nuestro presidente anunció recientemente la entrega en concesión de las playas del país, empezando por las de Cartagena, solicitadas por los magnates empresarios hoteleros de Cotelco- Bolívar.
"Cartagena, brazo de agarena, canto de sirena, que se hizo ciudad / mi sonoro, cofrecito de oro, reliquia y tesoro de la antigüedad…" y numerosos versos como éste ha recibido el "Corralito de Piedra" para exaltar su belleza y señorío. Pero tan refinado lirismo no puede esconder la cruda realidad de Cartagena, una de las ciudades con más desigualdades en Colombia. Cerca del 75% de su población merodea entre la indigencia y la pobreza, víctima de este modelo económico que nos rige, modelo que genera un innegable desempleo estructural; el cual lleva a la inmensa mayoría de los cartageneros a la informalidad, a la famosa industria del rebusque, principalmente en esas riberas marinas.
Con el absurdo pretexto de limpiar las playas, prohibirán el acceso a esa masa inmensa que subsiste con esa informalidad laboral, vedándoseles de paso a los propios cartageneros el ingreso al disfrute de su mar, a su recreación, pues pronto se cobrará por la admisión a ellas.
No queda duda entonces que son unos pocos acaudalados quienes en Colombia disfrutan las mieles de este gobierno.
El pueblo colombiano debe oponerse firmemente en las urnas a que cambie este estado de cosas y a que no continúen feriando los recursos naturales en beneficio de unos pocos.

Una propuesta inconveniente

No nos deben extrañar a los colombianos ciertas ideas estrambóticas que suelen surgir de este Gobierno de la seguridad democrática, como esa, que de llevarse a efecto, se constituiría en un proyecto negativo o sencillamente en un plan perjudicial para nuestra sociedad, idea rayana en lo absurdo, surgida del Ministro del Interior y consistente en que la policía nacional dependa del Ministerio de la política.
Dicha propuesta es tan perjudicial que debería quedarse en eso, en una pésima sugerencia por los perjuicios que implica para la salud del país, porque al desligarse a la Policía del Ministerio de Defensa, que es a donde actualmente y por naturaleza pertenece, se la separaría de las demás Fuerzas Armadas con las cuales debe coordinar operaciones conjuntas.
Es, igualmente, una perniciosa sugerencia puesto que implica desconocer la situación de conflicto interno crónico que vive el país, así como las serias dificultades que actualmente se viven con Venezuela, razones más que suficientes para que dicho cuerpo armado permanezca en donde está, unido a sus pares de armas y desligado de la política y su secuaz, la politiquería, que caracteriza al ente que pretende afiliarla.
Al parecer no es gratuita tan aberrante idea, pues se trataría de abrir una ventana para que más adelante otros ministerios hicieran igual solicitud con otras instituciones del Estado. Que tal la Corte Suprema reportándose ha determinado ministerio, la Fiscalía de la misma manera y así sucesivamente otras entidades gubernamentales. Con ello se parcelaría la democracia, la idoneidad y el orden nacional e institucional y no sería extraño que fuera el presidente quien designara, saltándose las normas constitucionales, de manera ilegalmente potestativa y de acuerdo con su particular arbitrio, es decir a dedo, al fiscal, a jueces, magistrados, contralor, etc., en su condición de mandatario perpetuo y autócrata de los colombianos.

La corrupción, un cáncer casi incurable

La corrupción es ese cáncer que nos agobia sin piedad; es el uso indebido del poder que tienen algunas personas, derivado de los empleos que desempeñan ya sea en el nivel gubernamental como en el privado, y como consecuencia de ello obtienen exorbitantes beneficios personales, generalmente de tipo económico, para sí o para terceras personas. La corrupción en Colombia es la causa de la baja credibilidad de los ciudadanos en sus instituciones y en sus dirigentes; lo cual conlleva, además, que los resultados de la administración se afecten negativamente como consecuencia de la misma, y las obras públicas que se entregan a la ciudadanía no son las que ella espera en términos de calidad y de conveniencia.
Colombia ha sufrido los flagelos que genera la corrupción, pero a diferencia de otros escenarios, se han presentado algunas particularidades que terminaron agravando la situación. Una larga convivencia con el narcotráfico y el afán por el enriquecimiento fácil, se convirtieron en la medida y en la forma de ascenso social; el narcotráfico permeó a la sociedad ampliamente, a la política, a la economía, a la agricultura, al deporte…
Sin embargo, nadie en el Estado colombiano ha podido entender la manera de enfrentar definitivamente ese flagelo que se lleva más de 4 millones de millones de pesos al año, según los cálculos más benévolos. Plata que sale de los bolsillos de los contribuyentes, no para obras de desarrollo ni para mejorarles las condiciones a los más necesitados, sino para engordarles las cuentas bancarias a gran parte de la clase política y a los contratistas que le siguen el juego. Es que con el anuncio del presidente Uribe de conformar un grupo especial de la Policía para luchar especialmente contra el cáncer de la corrupción, se demuestra que simplemente es un simple pañito de agua tibia para una enfermedad que carcome a la sociedad colombiana y de paso una cortina de humo del Gobierno, para paliar el gran escándalo que ha suscitado el ya archifamoso Agro Ingreso Seguro; el cual ha llevado a que las grandes cifras de aceptación del Gobierno, hayan disminuido sensiblemente.
De hecho, la mayor dificultad por la que atraviesa Colombia no está en detectar las toneladas de fraudes que a diario se cometen contra el erario, sino en la falta absoluta de justicia. En su inoperancia, en su incapacidad total de procesar a los corruptos y llevarlos a la cárcel como exigen las circunstancias.

LAS COOPERATIVAS DE TRABAJO ASOCIADO

En la actualidad las cooperativas de trabajo asociado (entidades por medio de las cuales se contrata la mayoría de la fuerza laboral colombiana) se han convertido en una de las principales modalidades por medio de las cuales el gobierno y muchas empresas privadas escatiman los derechos laborales de los trabajadores colombianos y de paso debilitan las organizaciones sindicales.
¿Pero qué son las cooperativas de trabajo asociado? Son aquellas agrupaciones que vinculan el trabajo personal de los “asociados” para la prestación de servicios; Es decir, son las entidades con las cuales una persona se vincula para trabajar. Las consecuencias laborales son devastadoras: Como supuestamente los trabajadores cooperados son a la vez dueños y socios de la cooperativa, desaparece la esencia del contrato de trabajo, disipándose con ello las prerrogativas consagradas en Código el Laboral; por eso lo devengado no se considera como salario, sino que adquiere la forma de una compensación. Un trabajador vinculado pierde por tal razón sus prestaciones legales y extralegales.
Esta clase de contratación laboral ha venido creciendo vertiginosamente, por lo cual se convierte a la postre en un mecanismo para la generación de empleos precarios, flexibles y en muchos casos, como una de las formas de obtener las empresas el lucro financiero con la reducción de los costos laborales y operacionales; si a lo anterior se le suma la facilidad y el bajo número de personas que se necesitan para crearlas, este desafuero nunca tendrá trazas de desaparecer, para infortunio del trabajador colombiano.
Recientemente se le ha hecho un retoque sutil a la legislación cooperativa al modificar un tanto las cooperativas de trabajo asociado, para paliar con ese maquillaje el sentir desfavorable que la opinión pública va teniendo al respecto. Pero lo cierto es que ante el desconocimiento de los principios cooperativos por parte de los asociados, lastimosamente se ha hecho de este modelo un mecanismo de flexibilización laboral, desnaturalizando con ello los fines altruistas del cooperativismo en pro de una clase empresarial que ha visto en ella una forma de obtener beneficios a través del desconocimiento de los derechos laborales. Es por ello que se debe propugnar por un conocimiento pleno de esta filosofía y asumir sus dogmas como un verdadero cambio en las tradicionales formas del manejo codicioso del trabajo y a la vez como una propuesta de generación de empleo decente, de manera autogestionaria.

El infortunio que envuelve al Sector Agropecuario

Colombia fue un país que antaño se autoabastecía suficientemente del sector agropecuario, para la alimentación de su pueblo. Pero en estos momentos, por las funestas políticas para el agro, ha perdido su seguridad o soberanía alimentaria, lo cual constituye un verdadero desperdicio, pues hay tierras, aguas y gentes de sobra para autoabastecer el país. Este gobierno fuera de facilitar las importaciones de alimentos, mantuvo el sesgo antiagrario de la política económica, sesgo que ilustra que el agro aporte el 11% del PIB y apenas reciba el 3% del crédito nacional. Y como si lo anterior fuera poco, produce indignación en la actualidad un vergonzoso programa, el famoso Agro Ingreso Seguro del Ministerio de Agricultura, Ley: 1133/2007, el cual otorga unos dineros, en el supuesto de auxiliar a pequeños y medianos campesinos que trabajan el agro colombiano y requieren apoyo del Estado. Sin embargo, la forma como se conduce dicho programa enardece hasta al más calmado de los colombianos, porque en su manejo, es lamentable tener que decirlo, el campesino raso de azadón y machete no tiene posibilidad de acceder a él. Es que el pobre agricultor colombiano está lejos de participar en todos los programas y créditos que ofrece el Gobierno con el objeto de hacer más rentable sus duras faenas. Cuando se abren concursos al respecto, nuestro labriego no participa, puesto que no tiene confianza en las etapas del proceso y, por lo regular, dichos concursos terminan adjudicados a terratenientes opulentos quienes se presentan con padrino político o muchas veces por tráfico de influencias a muy altos costos para los usuarios. Con este Agro Ingreso Seguro (AIS), como es de todos conocido, se han favorecido grandes empresas familiares donde tíos, hermanos, primos, madres, novias, se beneficiaron de unos dineros de los contribuyentes que no son reembolsables, ni pagan impuestos. Argumenta el actual Ministro de Agricultura que todas esas personas obtuvieron legalmente dichos apoyos. Es que no es un problema de legalidad, es de indignación nacional por lo antiético e indecente. Si queremos un Ministerio de Agricultura que propicie un verdadero desarrollo rural, de cara a la realidad nacional para solucionar los miles de problemas que estamos padeciendo, como consecuencia de sus malos manejos, se requiere practicar una profunda reingeniería al Sector Agropecuario, definiendo primero quienes son los verdaderos campesinos para diseñarles políticas claras y concretas, de conformidad con sus especialidades y depurando de paso al Ministerio de la gran cantidad de ONG, adscritas, con gerentes de sueldos asombrosos y cola de lagartos lambiscones, que son en esencia los verdaderos chupasangres del presupuesto del sector rural.

Aparato Cardiocirculatorio

Los estancamientos de sangre, la pobre circulación, la debilidad del corazón, la falta de color en la piel, en general los estados anémicos que son estados de poca energía, de presión baja, de hipoglicemia, son estados de frío, contrarios a los estados de exaltación de las enfermedades de calor.
La debilidad del aparato circulatorio que no es capaz de llevar la sangre y la energía al cerebro produciendo mareos, vértigo, zumbido en los oídos, también son manifestaciones de frío ya que corresponden a estados de debilidad. Las palpitaciones cardiacas pueden ser producidas por frío y de aquí que las plantas aromáticas, que son calientes, entonen al sistema nervioso, pues combaten el nerviosismo. Los entumecimientos de las piernas y brazos en general, son de frío, de mala circulación.
La mala circulación de la que aquí hablamos es producida por la falta de energía, que no hace circular bien la sangre y no hablamos de la mala circulación por obstrucción de las venas y de arterias. Los tonos pálidos son indicativos del frío, de insuficiencia, así como los tonos rosados son indicativos de calor, de congestión sanguínea.