El peligroso oficio de sapiar

La ilusión de estudiar una carrera universitaria tiene como objetivo lograr un ascenso en la escala social, pasar de un estadio a otro y naturalmente, la mayoría de las personas aspiran a tener un ascenso y no un descenso en esa pirámide social. Si la persona estudia, tendrá sin duda un mejor trabajo y, en consecuencia, obtendrá mejores ingresos y podrá ahorrar más para vivir apropiada y decorosamente.
Por esta razón los padres y madres de familia y sus jóvenes hijos aspiran a estudiar una carrera universitaria. Para ello hacen muchos esfuerzos; se pretende "ser alguien", se persigue con el estudio alejarse de los círculos de la violencia armada y callejera. Todos aspiran a ser buenos profesionales, buenos padres o madres y buenos ciudadanos.
Por eso, la controvertida propuesta del presidente Álvaro Uribe de ofrecer dinero a estudiantes para que entreguen información sobre actos delincuenciales, más que peligroso para la integridad de estos jóvenes, pareciera convertirse en la formación de un Estado Policiaco.
Para el presidente parece que no fueran eficaces las fuerzas públicas y las organizaciones de inteligencia para encontrar a los delincuentes, y ahora con tal proposición comprometería seriamente la vida de esos estudiantes.
La juventud ha sido siempre símbolo de esperanza, de cambio, de allí que muchos países protejan y eduquen a su población joven para que ésta tome las riendas del destino de sus naciones. La juventud tiene una gran capacidad de convicción, pero también es muy influenciable.
La juventud no debe ser utilizada para estos fines, la juventud debe ser protegida y formada en valores para que el día que hereden la nación construyan un futuro mejor.
Lastimosamente, esta nueva iniciativa de Uribe va encaminada no a un sistema de colaboración a la justicia, sino a la formación de una policía civil que se dedique a espiar a los ciudadanos, lo cual conllevaría a la creación del Estado policiaco, que es al final, el tránsito hacia un Estado totalitario.

CONJETURAS EL DÍA DEL PERIODISTA

Es posible que una de las profesiones más proclive a la defenestración sea la de periodista. Este oficio, en muchos casos poco valorado, con una autocrítica feroz, se ha acostumbrado a ser maltratado y recibir constantemente descripciones inafames como “la canalla de la prensa”. Sin embargo sin la profesión periodística nuestra vida no sería la misma.
Pocas profesiones con tanto poder de influencia como el periodismo. Existe desde tiempo inmemorial, pues se dice que el primer periodista del que tenemos noticias fue aquel mensajero que corrió bastantes kilómetros en Grecia (42 para ser exactos) para informar que se había ganado la batalla de Maratón. Incluso la Biblia tiene sus periodistas, siempre mensajeros, y el Arcangel San Gabriel también hizo de anunciador (y por tanto de periodista, ubicado en la Historia Sagrada) del nacimiento de Jesús a la Virgen María.
Los periodistas son tan importantes como las historias que cuentan y cómo las cuentan, porque el profesionalismo y el buen hacer no está en la cobertura territorial de las noticias o en la importancia del medio. La importancia del periodismo está en contar con rigor y bien lo que acontece.
Hoy en día, en nuestro medio, el periodismo colombiano se ha venido caracterizando por su fortaleza a la hora de enfrentar los hechos que afectan al país, por su profesionalismo y por su alto nivel investigativo, el cual ha llegado a quitarle la vida a más de un centenar de comunicadores en la última década.
Por estas razones, el día del periodista debería ser entonces el día adecuado y justo para recordar aquellos hombres y mujeres que han sacrificado sus vidas, su paz y la de sus familias para construir un mejor país; denunciando corrupción y atropellos a la comunidad.
Gracias al sacrificio de estos periodistas, Colombia ha dado la guerra sin cuartel a todos los criminales transgresores del frágil ordenamiento jurídico colombiano, quienes han pretendido desestabilizar permanentemente a nuestra patria. Un país construido con justicia, un país con instituciones respetadas, un país honesto y trabajador, es la real esperanza que nos permitirá salir de tan macabro laberinto como el que vivimos, y es el periodista el adalid de ello.

Anhelos de Colombia para el 2010

Considero que estamos ciertos los colombianos de que cada uno de nosotros tiene unos anhelos, que de realizaese, nos traerán si no felicidad, al menos sociego en nuestras tribulaciones, siempre y cuando cada compatriota antes de creer en los hombres crea primero en la ética y moral de Dios.
En primer término: Que quienes asuman responsabilidades políticas o administrativas no hagan más juramentos poniendo a Dios por testigo falso, puesto que hay mucho sobrecupo en la Picota.
Que la política de Seguridad Democrática deje de ser ya un sofisma de distracción y se convierta en seguridad social ante los problemas que reclaman los colombianos, con más ahínco, desde hace ocho años.
Que los partidos políticos sean serios o que aparezca por fin un verdadero partido político, no politiquero, con principios firmes, claros, éticos y morales lejos de todo voltiarepismo al que nos tienen acostumbrados.
Que la peste del reeleccionismo presidencial sea exterminada para así acabar con el mito de los genios necesarios e insustituibles. Que la constitución nacional deje de ser un burdo panfleto de caucho que se comprime o encoje al capricho de los politiqueros de turno.
Que el pueblo siempre tan explotado adquiera ya un poco de cultura política, para no vender su conciencia mediante un voto ante algunos profesionales de la demagogia, la falacia y el engaño.
Que los mal llamados padres de la patria no abusen más de su auto-poder para incrementar desvergonzadamente sus mesadas, mientras que el miserable salario básico de los pobres lo asignan siempre mediante un fresco y descarado decreto.
Que esa enfermedad llamada corrupción, que tanto nos está minando solo se pueda combatirse con la pena perpetua, el destierro o penas igual de temibles.
Y, finalmente, que no nos nombren mas Uribitos con caritas de “yo no fui” , pero que sólo han servido para ayudar e enriquecer a los “campesinitos” opulentos del país.

CONJETURAS ¿VIVIMOS EN UNA PLUTOCRACIA?

El célebre mandatario norteamericano Abraham Lincoln sostenía que la democracia era el gobierno del pueblo y para el pueblo, con lo cual el histórico presidente hacía una específica distinción semántica con la plutocracia, que es el gobierno de los ricos para los ricos.
Aplicando lo anterior a Colombia encontramos que el gobierno del presidente Uribe a pesar de recibir el apoyo mayoritario de la gente más pobre del país, trabaja casi que con exclusividad para defender el interés de los más ricos; por ejemplo, este gobierno otorga considerables exenciones tributarias a empresarios, banqueros, exportadores, dueños de zonas francas, etc., en contraste por ejemplo, con su política de austeridad con la salud del pueblo, todo lo cual nos ubica indiscutiblemente en una auténtica plutocracia. Otro ejemplo abrumador se da con las nefastas políticas agropecuarias, que nos llevaron a conocer la inmoralidad de experiencias censurables e inicuas como esas del Agro Ingreso Seguro y la Hacienda Carimagua.
Pero la gota que rebosa la copa se presenta cuando nuestro presidente anunció recientemente la entrega en concesión de las playas del país, empezando por las de Cartagena, solicitadas por los magnates empresarios hoteleros de Cotelco- Bolívar.
"Cartagena, brazo de agarena, canto de sirena, que se hizo ciudad / mi sonoro, cofrecito de oro, reliquia y tesoro de la antigüedad…" y numerosos versos como éste ha recibido el "Corralito de Piedra" para exaltar su belleza y señorío. Pero tan refinado lirismo no puede esconder la cruda realidad de Cartagena, una de las ciudades con más desigualdades en Colombia. Cerca del 75% de su población merodea entre la indigencia y la pobreza, víctima de este modelo económico que nos rige, modelo que genera un innegable desempleo estructural; el cual lleva a la inmensa mayoría de los cartageneros a la informalidad, a la famosa industria del rebusque, principalmente en esas riberas marinas.
Con el absurdo pretexto de limpiar las playas, prohibirán el acceso a esa masa inmensa que subsiste con esa informalidad laboral, vedándoseles de paso a los propios cartageneros el ingreso al disfrute de su mar, a su recreación, pues pronto se cobrará por la admisión a ellas.
No queda duda entonces que son unos pocos acaudalados quienes en Colombia disfrutan las mieles de este gobierno.
El pueblo colombiano debe oponerse firmemente en las urnas a que cambie este estado de cosas y a que no continúen feriando los recursos naturales en beneficio de unos pocos.

Una propuesta inconveniente

No nos deben extrañar a los colombianos ciertas ideas estrambóticas que suelen surgir de este Gobierno de la seguridad democrática, como esa, que de llevarse a efecto, se constituiría en un proyecto negativo o sencillamente en un plan perjudicial para nuestra sociedad, idea rayana en lo absurdo, surgida del Ministro del Interior y consistente en que la policía nacional dependa del Ministerio de la política.
Dicha propuesta es tan perjudicial que debería quedarse en eso, en una pésima sugerencia por los perjuicios que implica para la salud del país, porque al desligarse a la Policía del Ministerio de Defensa, que es a donde actualmente y por naturaleza pertenece, se la separaría de las demás Fuerzas Armadas con las cuales debe coordinar operaciones conjuntas.
Es, igualmente, una perniciosa sugerencia puesto que implica desconocer la situación de conflicto interno crónico que vive el país, así como las serias dificultades que actualmente se viven con Venezuela, razones más que suficientes para que dicho cuerpo armado permanezca en donde está, unido a sus pares de armas y desligado de la política y su secuaz, la politiquería, que caracteriza al ente que pretende afiliarla.
Al parecer no es gratuita tan aberrante idea, pues se trataría de abrir una ventana para que más adelante otros ministerios hicieran igual solicitud con otras instituciones del Estado. Que tal la Corte Suprema reportándose ha determinado ministerio, la Fiscalía de la misma manera y así sucesivamente otras entidades gubernamentales. Con ello se parcelaría la democracia, la idoneidad y el orden nacional e institucional y no sería extraño que fuera el presidente quien designara, saltándose las normas constitucionales, de manera ilegalmente potestativa y de acuerdo con su particular arbitrio, es decir a dedo, al fiscal, a jueces, magistrados, contralor, etc., en su condición de mandatario perpetuo y autócrata de los colombianos.

La corrupción, un cáncer casi incurable

La corrupción es ese cáncer que nos agobia sin piedad; es el uso indebido del poder que tienen algunas personas, derivado de los empleos que desempeñan ya sea en el nivel gubernamental como en el privado, y como consecuencia de ello obtienen exorbitantes beneficios personales, generalmente de tipo económico, para sí o para terceras personas. La corrupción en Colombia es la causa de la baja credibilidad de los ciudadanos en sus instituciones y en sus dirigentes; lo cual conlleva, además, que los resultados de la administración se afecten negativamente como consecuencia de la misma, y las obras públicas que se entregan a la ciudadanía no son las que ella espera en términos de calidad y de conveniencia.
Colombia ha sufrido los flagelos que genera la corrupción, pero a diferencia de otros escenarios, se han presentado algunas particularidades que terminaron agravando la situación. Una larga convivencia con el narcotráfico y el afán por el enriquecimiento fácil, se convirtieron en la medida y en la forma de ascenso social; el narcotráfico permeó a la sociedad ampliamente, a la política, a la economía, a la agricultura, al deporte…
Sin embargo, nadie en el Estado colombiano ha podido entender la manera de enfrentar definitivamente ese flagelo que se lleva más de 4 millones de millones de pesos al año, según los cálculos más benévolos. Plata que sale de los bolsillos de los contribuyentes, no para obras de desarrollo ni para mejorarles las condiciones a los más necesitados, sino para engordarles las cuentas bancarias a gran parte de la clase política y a los contratistas que le siguen el juego. Es que con el anuncio del presidente Uribe de conformar un grupo especial de la Policía para luchar especialmente contra el cáncer de la corrupción, se demuestra que simplemente es un simple pañito de agua tibia para una enfermedad que carcome a la sociedad colombiana y de paso una cortina de humo del Gobierno, para paliar el gran escándalo que ha suscitado el ya archifamoso Agro Ingreso Seguro; el cual ha llevado a que las grandes cifras de aceptación del Gobierno, hayan disminuido sensiblemente.
De hecho, la mayor dificultad por la que atraviesa Colombia no está en detectar las toneladas de fraudes que a diario se cometen contra el erario, sino en la falta absoluta de justicia. En su inoperancia, en su incapacidad total de procesar a los corruptos y llevarlos a la cárcel como exigen las circunstancias.

LAS COOPERATIVAS DE TRABAJO ASOCIADO

En la actualidad las cooperativas de trabajo asociado (entidades por medio de las cuales se contrata la mayoría de la fuerza laboral colombiana) se han convertido en una de las principales modalidades por medio de las cuales el gobierno y muchas empresas privadas escatiman los derechos laborales de los trabajadores colombianos y de paso debilitan las organizaciones sindicales.
¿Pero qué son las cooperativas de trabajo asociado? Son aquellas agrupaciones que vinculan el trabajo personal de los “asociados” para la prestación de servicios; Es decir, son las entidades con las cuales una persona se vincula para trabajar. Las consecuencias laborales son devastadoras: Como supuestamente los trabajadores cooperados son a la vez dueños y socios de la cooperativa, desaparece la esencia del contrato de trabajo, disipándose con ello las prerrogativas consagradas en Código el Laboral; por eso lo devengado no se considera como salario, sino que adquiere la forma de una compensación. Un trabajador vinculado pierde por tal razón sus prestaciones legales y extralegales.
Esta clase de contratación laboral ha venido creciendo vertiginosamente, por lo cual se convierte a la postre en un mecanismo para la generación de empleos precarios, flexibles y en muchos casos, como una de las formas de obtener las empresas el lucro financiero con la reducción de los costos laborales y operacionales; si a lo anterior se le suma la facilidad y el bajo número de personas que se necesitan para crearlas, este desafuero nunca tendrá trazas de desaparecer, para infortunio del trabajador colombiano.
Recientemente se le ha hecho un retoque sutil a la legislación cooperativa al modificar un tanto las cooperativas de trabajo asociado, para paliar con ese maquillaje el sentir desfavorable que la opinión pública va teniendo al respecto. Pero lo cierto es que ante el desconocimiento de los principios cooperativos por parte de los asociados, lastimosamente se ha hecho de este modelo un mecanismo de flexibilización laboral, desnaturalizando con ello los fines altruistas del cooperativismo en pro de una clase empresarial que ha visto en ella una forma de obtener beneficios a través del desconocimiento de los derechos laborales. Es por ello que se debe propugnar por un conocimiento pleno de esta filosofía y asumir sus dogmas como un verdadero cambio en las tradicionales formas del manejo codicioso del trabajo y a la vez como una propuesta de generación de empleo decente, de manera autogestionaria.